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jueves, 18 de diciembre de 2014

Reportaje en "El País"

El 12 de Diciembre publiqué 10 fotografías en El País on-line, en la sección "Planeta Futuro" que difunde las noticias sobre desarrollo global sostenible y los Objetivos del Milenio de la ONU en colaboración con la Fundación de Bill y Melinda Gates. 
Cada fotografía se acompaña de un pequeño texto donde explico la pequeña historia que la rodea.



En 2010, mientras cruzaba el puente Long Bien de Hanoi, enmarañado en su estructura metálica sazonada de trenes, motocicletas y una multitud que se desplazaba sobre el río Rojo, vi unas barcas de pescadores que, ancladas, esperaban a sus dueños con una quietud indiferente hacia todo lo que las rodeaba.  Recorriendo uno de los puentes más transitados de Asia, rodeado de un bullicio ensordecedor, pude apreciar lo que tantas veces encontramos: una especie de mundos paralelos, muy cercanos, pero que operan con coordenadas muy dispares y basta mirar despacio, acompasando la respiración, para encontrarlos junto a nosotros.  


 En Vietnam, en 2010, camino hacia Sa Pa, fotografié a esta madre y su niña en el mercado. Pertenecen a la etnia Hmong que reúne unos 9 millones de personas repartidas actualmente entre China, Tailandia y Vietnam. Como otros muchos grupos étnicos, han sido diezmados en la 2ª mitad del s.XX pasando de unos 3 millones a solo 200.000 hab. en Vietnam.  La distancia que nos separa de sus costumbres o de sus creencias se derrumba cuando la pequeña nos mira y nos sonríe, mientras su joven madre muestra su orgullo al recibir en la mejilla la caricia de su bebé.



En Badami, en el estado de Karnataka (India) en 2012, mientras paseaba por esta pequeña ciudad, me llamó la atención un pequeño restaurante familiar. Me ofrecieron entrar hasta la cocina y allí me deslumbró la luz que, tamizada por un registro en el techo, entraba en haces iluminando la escena.  Toda la familia preparaba la comida, en silencio, con la armonía de un trabajo repetido miles de veces. 



En 2013 viajé a la ciudad de Allahabad en el estadio indio de Uttar Pradesh. Esta ciudad es conocida en todo el mundo por albergar la peregrinación hinduista del Khumb mela que este año reunió a 118 millones de personas. La ciudad cuenta con unos 5 millones de habitantes y tiene sus slums, donde la escolarización de los niños no es ni mucho menos la primera prioridad de sus habitantes. Allí, Manos Unidas está llevando a cabo un proyecto donde los profesores acuden a dar su clase junto a las chabolas. Apenas un plástico delimita unos metros cuadrados donde se apiñan todas las edades. Los pequeños acuden cuando pueden, hoy 2 horas, mañana ninguna, pasado quizás 3…y son alfabetizados en inglés e hindi con lo que sus oportunidades de futuro se multiplican de manera exponencial. En la fotografía vemos a la profesora y una amalgama de color y esperanza que brotan de la tierra más yerma.  



En Amritsar, en 2013, tuve la oportunidad de pasar unas jornadas con los sijs y disfrutar de la hospitalidad que tienen con todos los que se acercan a conocer el Golden Temple. Sorprende que esté abierto 24h. al día y que, en cualquier momento, ofrezcan su comida gratuitamente a todos los peregrinos y visitantes que por allí pasan. Hay una serenidad en el templo, en los rituales, en las sonrisas de los pequeños. Esa armonía lo envuelve todo durante la madrugada y desde el albor del día hasta el crepúsculo, para que el ciclo vuelva a comenzar una vez más. Un anciano rezaba junto al agua mientras el día desgranaba sus últimos instantes. 



En 2008 visitamos el municipio de Palacagüina en el departamento de Madriz, en Nicaragua, donde Manos Unidas desarrolla varios proyectos de tecnificación, diversificación agrícola y promoción medioambiental. Allí nos explicaron, sobre el terreno, los avances que habían conseguido y lo que suponía para mejorar la alimentación de toda la comunidad, especialmente la de los más vulnerables.  Mientras lo hacían, nos sorprendió cómo acariciaban la capa superficial de tierra junto a los brotes que acababan de nacer y que debían mimar en todo momento para que dieran los frutos esperados. 



En Copargo, una ciudad situada en el centro de Benín, visité en 2014 un colegio donde se inauguraba un módulo de aulas que había construido Manos Unidas. Era un día de fiesta y los más de mil alumnos inundaban con su alegría todo el patio. Mientras hablaban el director de la escuela y varios alumnos, yo tomaba fotografías de todo cuanto me rodeaba. De repente me percaté de que, enfrente de mí, un alumno llevaba un rato tomándome “fotos” sin perder ninguno de mis movimientos,  con su cámara improvisada que no era más que su chancla, ante las risas de todos sus compañeros. ¡Qué poder tiene la imaginación y el juego para convertir la realidad en algo mucho menos primordial de lo que cabría pensar! Estoy convencido que sus imágenes fueron mucho mejores que las mías.



Parakou es una ciudad enclavada en el centro de Benín y no lejos de la frontera con Nigeria. Allí conocí en 2014 la Residencia dedicada a la lucha contra la trata de niñas y adolescentes  que tienen las monjas de la Inmaculada Concepción de Castres. Manos Unidas ha colaborado con ellas dotándola de varios talleres que buscan una futura inserción laboral para sus residentes. Nos contaron la situación en la que llegan la mayoría de ellas: familias desestructuradas, violencias de todo tipo y miedo, miedo en el rostro, en las manos y en las entrañas. Historias de penumbras donde no ha habido resquicio alguno para una mínima esperanza… hasta que llegaron aquí. La niña de la fotografía vino hace más de medio año con mucha más carga a su espalda de la que era capaz de soportar; todavía no puede articular palabra, pero su mirar ha cambiado, su cuerpo también se va recuperando y su mano es capaz de agarrar ya el dedo del asistente social que vela por ella.



 Encontré esta mirada de ébano en Cotonou (Benín) en 2014 en el Centro de Salud que Manos Unidas ha ayudado a construir y que las Hermanas Terciarias Capuchinas tienen junto al Atlántico. Tenía malaria y estaba allí, junto al porche, marcando distancia al principio, hasta que, cansado de verme enredar junto a él, decidió abrir su puerta y dedicarme una sonrisa de miel y romero donde parece que el tiempo se detiene y también lo hacen las enfermedades y las preguntas sin respuestas. Son muchos pequeños milagros los que surgen gracias a las pequeñas ayudas de tantos. ¿Apenas unas gotas de agua en medio de un océano? Quizás, pero cada gota es importante y hay una vida, tal vez varias, que dependen de esa ayuda y de ese compartir.

jueves, 17 de julio de 2014

Una sonrisa junto al Atlántico en Cotonou (Benín)

Estando en Cotonou estuve una mañana con este niño. Tenía malaria y al principio estaba serio. Su seriedad no duró más de 2 o 3 minutos y pasó de ser una preciosidad a "romper la cámara" cuando su sonrisa iluminó todo su rostro. Vive junto al Oceano Atlántico, cuyo nivel no para de subir en los últimos 2 años. Los holandeses están construyendo 2 diques, pero por ahora no han conseguido frenar el avance del agua (unos 200 metros en dos años). Probablemente el agua acabe llevándose todo el barrio. 



Esta foto y la siguiente tienen practicamente el mismo encuadre, pero son tan distintas...












Junto a su padre

Junto al Oceano que amenaza sus casas


martes, 18 de febrero de 2014

En Nicaragua con Manos Unidas

Hace algunos años, tuve el placer de visitar en Nicaragua varios proyectos de Manos Unidas (http://www.manosunidas.org/). La experiencia fue muy gratificante al descubrir lo eficaces y eficientes que eran nuestras contrapartes. Para los que conocéis poco de Manos Unidas deciros que, en los 55 años de actividad de nuestra ONGD, los proyectos que se hacen son presentados siempre desde los paises que los necesitan por nuestras contrapartes, es decir, las asociaciones, parroquias u otros colectivos que intentan mejorar su situación en uno de los 5 campos en los que trabajamos:
                       -Agricultura
                       -Educación
                       -Sanidad
                       -Promoción social 
                       -Promoción de la mujer
Fue maravilloso descubrir sobre el terreno como se estiraba cada céntimo que les llegaba para cubrir las necesidades del proyecto. Y esto lo hacían tanto contrapartes grandes como el Instituto Juan XXIII de la UCA y otras mucho más modestas, pero igual de generosas en su esfuerzo por conseguir las metas previstas.
Y lo más importante, sin duda,  fue ver los ojos, las manos y los rostros de aquellos para los que se hacían esos proyectos. Personas concretas, con nombres y apellidos que eran mucho más que un número en una fría estadística.